El medio fundamental de la comunicación humana es el lenguaje oral, la voz, el habla, que le permite al individuo expresar y comprender ideas, pensamientos, sentimientos, conocimientos y actividades. El lenguaje hablado, se da como resultado de un proceso de imitación y maduración a través de la riqueza de estímulos que existen en el ambiente.

El lenguaje es una conducta comunicativa, una característica específicamente humana que desempeña importantes funciones a nivel cognitivo, social y de comunicación; que permite al hombre hacer explicitas las intenciones, estabilizarlas, convertirlas en regulaciones muy complejas de acción humana y acceder a un plano positivo de autorregulación cognitiva y comportamental, al que no es posible llegar sin el lenguaje.

La adquisición del lenguaje oral se concibe como el desarrollo de la capacidad de comunicarse verbal y lingüísticamente por medio de la conversación en una situación determinada y respecto a determinado contexto y espacio temporal. Por lo tanto, al efectuarse un balance, de una serie de producciones es esencial hacer intervenir el contexto lingüístico y extralingüístico del intercambio verbal, del tema de conversación, las actitudes y motivaciones de los participantes, al igual que las transformaciones sobre la organización formal de los enunciados y las palabras que lo componen.

Los aspectos necesarios para la adquisición del lenguaje por un niño/a son:

1. Maduración de los mecanismos neurológicos y fisiológicos que intervienen en el control del lenguaje:

Función respiratoria: necesidad de respirar correctamente.

Función auditiva: audición y discriminación de los sonidos.

Función fonadora: emisión de sonidos y ruidos, el más primitivo es el llanto, al que le siguen otros que dan acceso al habla.

Función articulatoria: el niño desde muy pequeño emite y articula sonidos; es por aprobación y repetición de aquellos que más se parecen a los de nuestro idioma como unos los mantiene y otros los elimina.

2. La estimulación exterior: el lenguaje oral aparece "naturalmente" por una serie de intercambios del niño con su entorno, sin que en este exista un programa preparado de forma intencionada para su enseñanza sistemática. El lenguaje se enseña/aprende a través de la comunicación. La característica principal de los intercambios niño-adulto durante los primeros años es una interacción mutua con las siguientes características en el modo en que solemos expresarnos los adultos:

Se habla más despacio, con más pausas y estas son más largas.

Se sube el tono de voz empleando un tono más agudo.

Se cuida la pronunciación.

La entonación se hace más expresiva.

Los enunciados son más cortos y más simples.

Se repite con frecuencia parte o todo el enunciado.

Se emplea un número limitado de palabras y utilizando mucho los sinómimos.

El adulto hace constantes referencias al contexto, indicando o utilizando objetos concretos.

Se utilizan más gestos y mímica.

El niño más que repetir las palabras que el adulto le está diciendo constantemente aprenderá en primer lugar las que le ayuden a resolver sus problemas y cubrir sus necesidades. El adulto interpreta las "palabras" que dice el niño en función del contexto donde se produce.

3. Conjugar los dos factores anteriores: existencia de la capacitación para utilizar el lenguaje y las posibilidades de desarrollarlo en un medio con estímulos auditivos.

En su sentido más amplio, el lenguaje oral puede describirse como la capacidad de comprender y usar símbolos verbales como una forma de comunicación, o bien se puede definir como un sistema estructurado de símbolos que cataloga los objetos, las relaciones y los hechos en el marco de una cultura. Al ser el lenguaje más específico de la comunicación, se afirma que es un código que entiende todo aquel que pertenece a una comunidad lingüística.